Acerca de la minarquía y el espíritu libertario

Quienes creen que el dinero lo hace todo, terminan haciendo todo por dinero.

Voltaire

Yo no estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero me pelearía para que usted pudiera decirlo.

Voltaire

Sacar una conclusión acerca de lo individual desde lo plural, como que del crecimiento del PIB ―esto es, de algo global, de un concepto plural― se deduce que a los individuos les va mejor, ¿no sería una falsa inducción, es decir, un tipo de falacia? Habría que, cuando menos, mencionar aquí la “paradoja de Easterlin” y el concepto de “felicidad interna bruta”. En resumen, Easterlin muestra que, cada vez que se hacen encuestas para relacionar un mayor ingreso económico bruto nacional con el nivel de felicidad de los individuos que la componen, se dan paradojas que afirman, niegan o retuercen esa supuesta ecuación de los economistas según la cual a mayor poder adquisitivo económico, mayor felicidad del individuo.

Saliendo del círculo meramente lógico-formal, entrando en cuestiones particulares: ¿de qué manera se controlaría que los grandes lobbies financieros y empresariales no se pusieran de acuerdo en los precios? Esto ya ocurre con las petroleras y grandes energéticas, por ejemplo. Por no mentar que las grandes cadenas de alimentación envían a trabajadores todos los días a la competencia a comprobar los precios ¿para qué? Para variar unos céntimos los precios… Ese tintineo de céntimos de diferencia en nuestros bolsillos solo consigo que me suene a ironía, en absoluto a un ahorro que vaya a proveerte de igualdad alguna. Pero, claro, en realidad lo que los liberales buscan es libertad, olvidando casi de lleno la igualdad. Pero esto da para otro artículo completo. Seguimos con las cuestiones que ahora nos trae esta reflexión: ¿cuál sería esa minarquía por la que algunos abogan que aseguraría una devolución a lo común de aquello que de lo común se obtiene? ¿O solo sería para salvaguardar las posesiones ya adquiridas? ¿Sería salvaguarda, esa minarquía, de una educación y sanidad establecidas como principios, como punto de partida igualitario para todos para alcanzar esa supuesta libertad que da la felicidad según el índice del PIB? ¿Cuándo un punto económico inicial igualitario en tanto portador de la misma capacidad de oportunidades? ¿En qué momento se decidiría que ya todos tienen igualdad de oportunidades y bajo qué signo político se consideraría que se llegaría a un punto de partida igualitario, de igualdad de oportunidades para todos? ¿Es posible ese tipo de tabula rasa, de partida de cero en la sociedad tal y como está estructurada ya? ¿Qué tipo de minarquía quieren los liberales; una meramente burocrática que asegure los bienes de cada individuo o una de instituciones y estructuras salvaguardas de un bien común, de un estado de bienestar general? Si un liberal mañana tiene un hijo con una enfermedad grave y no le da para cubrir su tratamiento, ¿no le gustaría que hubiera una estructura o institución que, por haber obtenido de lo común beneficio o ahorro, lo devuelva en cuidados de esos individuos que conforman lo común? ¿Preferirían, de verdad, dejar tal asunto en manos de la filantropía de los que más tienen? Cada vez más, las fuentes arqueológicas junto con los antropólogos están de acuerdo en que, si no hubiera sido por el tender fraternal y solidario entre los individuos de las comunidades, el ser humano no hubiera llegado a subsistir, menos aún hubiera llegado a estos niveles de desarrollo. Hay estudios que demuestran que, allí donde todavía no había estructuras de clases sociales, ya había solidaridad con el minusválido, cierto, ¿es ahora la misma circunstancia? No, la vida ha “evolucionado” (concepto que ha de diferenciarse del de “progreso”). Ya se daban cuidados, solo queremos mencionar que efectivamente el ser humano es social, comunal y quiere a sus congéneres, pero ¿y a los que no son sus congéneres? ¿Demuestra tanta solidaridad con “el otro”? No nos engañemos, ni blanco ni negro, el ser humano no es ni el buen samaritano de Rousseau ni el lobo psicópata de Hobbes, situémonos en la escala de grises y dejemos también el candidismo para las novelas de Voltaire…

En cuanto a dejar la función de la soberanía ―en tanto que esta determina la organización de lo social― en manos de la voluntad del mercado, de la economía, ¿no sería caer en un reduccionismo?, ¿no debería estar en manos de lo humano racional y no del juego financiero? ¿No sería esto último del juego financiero inhumano, o a-humano ―o, cuando menos, una línea que dejaría a un lado parte de lo característico humano, esto es, su necesidad social como zoon politikon―, pues se estaría dejando la utilización de la natural racionalidad del ser humano para ponerse de acuerdo con otros seres humanos fuera del complejo articulatorio de las relaciones sociales? Dejar fuera de las instancias soberanas lo radicalmente humano, la racionalidad junto con la capacidad de solidaridad y fraternidad, es ejercer la soberanía desde un punto del todo fuera del discurso humano en aras de justificaciones meramente económicas. ¿Esto no es preponderar el homo aeconomicus y su característico utilitarismo de la información de oportunidades ventajosas por encima del homo sapiens en su sentido más general, abarcante este último de muchas más facetas que el primero?, ¿no se estaría cayendo otra vez en falacia (no sé de qué tipo, pero me resuena a falacia, o es quizá mero reduccionismo, je ne se pas)? Además, preponderar el homo aeconomicus sobre el sapiens, ¿no sería precisamente establecer como principio el utilitarista “sálvese quien pueda” en el lugar que debería ocupar esa retroalimentación entre lo común y lo individual? (Sé que el principio utilitarista no es ese, sino el de la acción de máximo provecho para el máximo número de personas, pero con este panorama de lobbies, ¿cómo saber que de verdad se guían por ese principio realmente y no por mi “tergiversación” propuesta? Volvemos al problema de qué sería aquello que aseguraría que un grupo de oportunistas no va a aprovecharse de lo común si esos individuos se rigen por principios utilitaristas subyacentes a la mentalidad económica y no van a ser “justos” con lo común que es de donde al final obtienen sus beneficios. Los minarquistas hablan de la capacidad de negociación del individuo, ¿en serio?, ¿en un mercado en el que lo que sobra es mano de obra?

En cualquier caso, me quedo con lo que dice el filósofo de apellido impronunciable: “Abogar por la economía ―por el mercado― es renunciar a la política como sistema o método de regulación de las relaciones económicas. La política, como la ética, si no toma en cuenta al otro, no es ni política ni ética. Hacer política sin pensar en el otro no es hacer política; es hacer negocio, aunque solo sea ideológico, pero negocio”, Darío Sztajnszrajber.

Aclaración: Habrá quien diga que con este breve reflexionario me estoy posicionando, no es así y sí es así; me explico: decir lo escrito no me hace partícipe o posición de una otra ideología que no esté entre las mentadas, solo he expuesto una suerte de crítica, esto no debe tomarse como que soy partidaria/partícipe de otra suerte de ideología que no haya sido mentada, “si tengo pa tos” que dirían en mi pueblo, pero eso lo trataré en otros artículos. Por otro lado, me viene a la mente la reflexión acerca de si hay alguna manera de decir algo que no te ubique en alguna posición; en cualquier caso, lo que quería decir es que aún a día de hoy, con las canas que peino, sigo sin casarme con nadie. Escrito queda. Gracias.

Julia Valiente Garrido

5 comentarios

  1. Después de lo visto con Uber (y que estaba más claro que el agua), pues ya poco queda por decir respecto al funcionamiento de un mercado salvaje al que le hubiera sido amputado todo control público real. Con otras palabras: Corleone, para ser exactos la segunda parte. Ya está, fin de la cuestión.

    Gracias por sacar el tema y yo sí que me caso -nunca pedí un vtc.

    1. Bueno, yo no diría tanto como «fin de la cuestión», pues está muy de moda el aplauso a las visiones liberal y libertaria (o a eso hueles las redes). Por eso consideré que estaba bien sacar el tema.
      Con el «yo no me caso con nadie» quería hacer referencia a que no por criticar estas dos posturas significa que me caso con sus opuestas, pues a la vista de la Historia está que detrás de esos que se dicen «fieles a sus ideales» acaban también por querer acaparar el poder, y lo utilizan en su beneficio. Gracias por el comentario.
      PD: Yo tampoco he pedido nunca un VTC.

  2. Por descontado que había que sacar el tema, lo que creo es que si la lección de Uber no pone a la «visión libertaria» en un callejón sin salida es porque van a hacer lo posible para que la olvidemos o para que no obtengamos las conclusiones manifiestas de ello. Las redes sociales no son las redes sociales, ya sabes, son la «cámara de eco», como lo llaman, en que cada uno se ha visto encerrado en ese archipiélago de basura en que se han convertido las redes sociales. Y, por último, aunque tengas razón en que «todos son iguales» en el campo político, no deja de ser cierto que pensarlo, y decirlo, beneficia siempre y claramente a la derecha, que es a la que más conviene aquello de que «se cree el ladrón que todos son de su condición» -como cuando aquella petrolera británica hizo campaña para difundir el descubrimiento de que todo bicho viviente, y no sólo ellos, dejamos una «huella de carbono»: era verdad, pero fue la verdad que permitió seguir plantando la suya con pie de gigante.

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