Identidad, identificación, sujeto y literatura

El panorama actual del mundo nos plantea un gran interrogante: ¿cómo ser uno mismo sin cerrarse al otro y cómo abrirse al otro sin perderse a uno mismo? Afrontar esta pregunta se hace absolutamente necesario si se pretenden rehuir las oposiciones sangrientas que animan y agitan actualmente el desorden del mundo. La identidad, la función del sujeto y del yo, se halla en el centro del acalorado debate teórico actual. Surgen dos cuestiones primordiales al acercarse a estas discusiones: ¿el yo es algo dado o algo construido? ¿La identidad ha de concebirse en términos individuales o en términos sociales? Estos dos interrogantes han dado lugar a cuatro posiciones diferenciadas:

1. La que considera el yo como algo interior y único, dado e individual.
2. La que afirma que el yo es determinado por los orígenes y atributos sociales, conjugándose lo dado y lo social.
3. La que pone el énfasis en los actos particulares, en la naturaleza variable del yo, que es individual y se construye.
4. La que conjuga lo social y lo construido y sitúa la posición del sujeto como el resultado de un vector de fuerzas diversas.

Diversas ópticas teóricas definen al sujeto según sus postulados: psicoanálisis, teoría marxista, feminismo, queer theory, definen la subjetividad de la forma que mejor se amolde a las medidas de sus patrones teóricos. La teoría, entendida como simple teoría, se inclina por defender que el sujeto se halla siempre sometido a la modelación de los diversos poderes, las diversas lógicas estructurales que lo atraviesan.

La literatura puede considerarse un lugar privilegiado para el desarrollo de la problemática de la construcción de la identidad, pues ofrece una casi infinita variedad de modelos implícitos del modo en que esta se forma, variedad que puede hacer parecer reductiva a la teoría por lo que de fuerza generalizadora tiene esta. La literatura ofrece al lector puntos de vista de identidades dispares, modelos que posibilitan la comparación y la elección de determinadas identidades. Volviendo a la condición paradójica de la literatura, hay quien ensalza la literatura precisamente por esto y quien la acusa de corromper las identidades verdaderas mediante mecanismos de identificación ilusorios.

En cuanto al problema de si la identidad debe considerarse dentro del ámbito del sujeto o, por el contrario, ha de pertenecer a la esfera de la colectividad, en la actualidad parece claro que el individuo se decanta por creer que su identidad proviene de sus sentimientos y de sus características personales, no del lugar que ocupe en la jerarquía social.

Desde los presupuestos teóricos del psicoanálisis freudiano, la identificación es un proceso psicológico en el cual el sujeto asimila un aspecto del otro y se transforma, total o parcialmente, siguiendo el modelo proporcionado por éste. Lacan, por su parte, rastrea los orígenes de la identidad en el momento en que el niño se identifica con su imagen en el espejo, percibiéndose a sí mismo como un todo, como eso que quiere llegar a ser. La identidad resulta ser producto de una serie de identificaciones parciales que nunca llegan a completarse. Algo parecido al proceso de adquisición de una identidad que funciona en la literatura: un proceso incompleto: nunca llegamos a ser quien se supone que somos.

La cuestión de la identidad y la alteridad provoca, inevitablemente, numerosos conflictos. Un proceso de formación de identidad, ya sea individual o grupal, implica una delimitación, una frontera entre el “uno” y el “otro”, cuando lo cierto es que cualquier referencia identitaria no es simple, sino compuesta. Ya que todas las culturas están mezcladas unas con las otras, ninguna es única y pura, todas son híbridas, y en tanto que el sujeto no puede ser tal sino insertándose en el seno de una colectividad por la que pueda reconocerse a sí mismo, en sus propiedades comunes y en sus diferencias, la sujetividad contemporánea no puede ser sino mestiza, mutable, huidiza, no susceptible de categorizaciones normativas, una sujetividad oscilante entre la responsabilidad de la elección libre y el campo magnético de fuerzas que la determinan. Podríamos decir, en definitiva, que el sujeto es el producto resultante del tira y afloja entre el cabo de lo que quiere ser y el cabo de lo que le obligan a ser.

Joaquín Carmona
Joaquín Carmona

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